No se trata de que el Dragón no cause ningún impacto, sino de que el impacto sea positivo. Un lugar en el que podamos experimentar la satisfacción de reposicionarnos como parte esencial del mundo natural. Todo en el Dragón, hasta su último detalle, tiene una inspiración fundamentalmente ecológica y de respeto a la naturaleza.
En realidad, El Dragón de la Calderona puede considerarse como una obra de “Land Art” y arquitectura “Art Brut” inspirada en una filosofía biodinámica.
Dice Marmentini: “En la creación, si una escultura se rompe, arreglarla es engañarse. Es hacer como si no se hubiese nunca roto en lugar de vivir honestamente la experiencia de la rotura para así poder transformarla en algo que nunca hubiese sido si no hubiera sufrido ese accidente.
Así es también mi Dragón. La herida causada por una antigua cantera en la Sierra Calderona la hice mía en cuanto la vi. Y rápidamente comprendí que quería convertir ese desgarro en la Bestia Madre que visualicé como manera de curarlo. En ese momento comenzó el proceso de poner en marcha un torbellino de aparición de Seres o Bestias, hijos de la bestia madre, que aguardan en las piedras durante millones de años hasta que los libere esculpiéndolos. De esta manera cobran forma para dirigir la evolución de un espacio generoso y respetuoso con nuestro ecosistema.”